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Talleres que fabrican libretas artesanales en Colombia – Arte y Teatro – Cultura

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Son objetos útiles, pero también compañeras, viajeras y evocadoras. Las libretas artesanales o artísticas son una tendencia que trae de vuelta el valor de los oficios manuales y del comercio local.

El papel es una fibra vegetal y, a la vez, un cuerpo expresivo. Su vida plástica involucra no solo su superficie blanca y lisa más común, sino diversas texturas, densidades, acideces, porosidades… Esos valores identitarios hacen de él un sustrato al que muchos otorgan alma, muchos… como los hacedores de libretas artesanales y artísticas.

Los talleres colombianos especializados en trabajar ese cuerpo ancestral del papel por medio del plegado, refilado y costura son herederos de las técnicas más clásicas de las artes gráficas. Una herencia que podría ir –si se quiere– hasta el momento en el que el eunuco chino Cai Lun desarrolló el primer proceso de fabricación de papel en el siglo II d. C.

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Si bien estos talleres no fabrican el papel que usan en sus libretas, sí están obstinados en fabricar y conservar la magia del papel por medio del trabajo manual en objetos portátiles en los que las personas puedan dibujar, pintar, escribir y guardar recuerdos.

“Hacemos todo manual, es como ese diálogo íntimo con el papel”, dice Yuli Cadavid, una artista plástica antioqueña cocreadora de las libretas artísticas de Taller Talante.

Papeles especializados y terminados de lujo hacen parte de la propuesta de las libretas de Taller Talante

Foto:

Cortesía Yuli Cadavid Taller Talante

Su taller es un espacio dedicado a las artes gráficas al sur de Medellín, en donde hace ocho años hace, además de grabado y serigrafía, libretas encuadernadas a mano con papeles especializados para artistas y dibujantes.

“Nos pusimos el reto de ofrecer una libreta con los mejores papeles y con un diseño muy bien pensado para un público relacionado con las artes”, apunta Cadavid, quien también es docente de dibujo en la Universidad de Antioquia.

“Mirá, probala con lo que vos hacés. Vos pintás, pintá en ella. Coloreá, coloreá…”, recuerda que les pidió a sus amigos artistas y estudiantes mientras les regalaba las primeras libretas hechas en Talante junto con su esposo, un ingeniero de materiales. Ahora sus libretas son casi un objeto de lujo local hechas con papel ‘remake’ de origen italiano, pegamentos consistentes y encuadernación con hilo o argolla.

“La libreta es tan bonita, y la gente genera una relación tan estrecha con ella que, generalmente, las personas las regalan”, dice Cadavid. Esa intención de las personas fue la que los motivó a crear estuches especiales de libretas y herramientas de dibujo que empezaron a promocionar en el perfil de Instagram del taller. “Es el kit con lo que uno quisiera que viniera la libreta: lápices, rapidógrafos, acuarelas. Se vuelven un detalle muy especial”, precisa.

La libreta es tan bonita, y la gente genera una relación tan estrecha con ella que, generalmente, las personas las regalan

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Además de ser una apuesta por el trabajo desacelerado y manual, las libretas artesanales se han convertido en una tendencia de consumo local. Y en Instagram hacen parte de algunas etiquetas que promueven el consumo de marcas y negocios locales, como las 1’127.350 publicaciones marcadas con #compralocal o las 613.880 de #compracolombiano.

La marca local de estos objetos de papel es uno de los vectores que alimentan a los 5,9 millones de micronegocios colombianos registrados por el Dane en diciembre de 2019. Un universo en el que 684.400 (el 11,6 por ciento) están dedicados a diferentes actividades de manufactura.

En Barranquilla, por ejemplo, algunas de esas manufacturas son obra de Paula Gómez y Salim Martínez, de Jorobada Objetos, un emprendimiento de libretas encuadernadas a mano. Del interés por los procesos ‘zero waste’ de esta ingeniera ambiental y de un kit de encuadernación que recibió Martínez como regalo en 2017, surgió la idea de hacer libretas con retazos textiles, cartones ecológicos y papel brístol.

“Creo que la gente ya se cuestiona un poquito más de dónde viene lo que está usando, quién lo hizo, con qué procesos”, dice Gómez sobre el auge de los productos de fabricación local y con responsabilidad medioambiental. Precisamente acerca de esa realidad de consumo, Martínez recuerda que alguna vez, estando en una feria, una mujer extranjera les dijo que podía conseguir libretas más baratas en Walmart. “Sí, pero tú en Walmart no le conoces la cara a la persona que hizo tu libreta”, cuenta, entre risas, que le respondió.

Reacciones como esta les han enseñado que el trabajo artesanal también implica una especie de pedagogía de consumo. Si pasa por la pausa de las manos, tiene un valor no convencional, no tienen duda. Eso implica una comprensión muy sensible con los materiales, en este caso con el papel, las telas y los hilos, y también con el tiempo.

Jorobada Objetos propone junto a sus libretas una experiencia de usuario con materiales y procesos consciente con el medio ambiente.

Foto:

Cortesía Paula Gómez Jorobada Objetos

“La encuadernación es como un refugio, un lugar íntimo. Se me asemejaba mucho al lugar de la casa”, destaca Eliana Sánchez, creadora de La Casa, un taller que hace libretas cosidas a mano en Medellín. El trabajo artesanal de esta politóloga empezó tras el acercamiento al papel mientras estudiaba una carrera técnica en producción gráfica y publicitaria.

“Es el tiempo, son los materiales, es el cuidado en la elaboración, ahí hay una conexión muy fuerte con la materia”, añade. Sus libretas conservan el cuidado detallista de cada minuto juntando, uniendo y cosiendo; un proceso que, dice, puede tomar días. “Empecé solamente haciendo libretas en papel Earth Pact, y con el tiempo fui empezando a explorar otros papeles”, recuerda Sánchez, que ahora también ha comenzado a explorar la elaboración de álbumes fotográficos con papel prisma y costuras expuestas.

Las libretas artesanales de La Casa integran técnicas de encuadernación francesa, a la greca y japonesa.

Foto:

Cortesía Eliana Sánchez La Casa

Es el tiempo, son los materiales, es el cuidado en la elaboración, ahí hay una conexión muy fuerte con la materia

Bitácoras viajeras

Encuadernar puede ser viajar con las manos a través de los dobleces de un pliego de papel que luego se convierte en un cuadernillo para una bitácora. Esa sensación viajera es la que más disfruta Laura Bernal, una artista plástica bogotana que creó Infinitos Lugares en 2017. “Primero aprendí la costura japonesa; luego, la francesa, y he ido aumentando el interés de a poco en el oficio en el mismo hacer, pero surgió porque mi papá me enseñó”, cuenta.

Las bitácoras de Infinitos Lugares son construidas conceptualmente entre la creadora y sus clientes.

Foto:

Cortesía Laura Bernal Infinitos Lugares

Bernal recorta poesía, hace collage y dibuja en algunas páginas de las libretas que hace y que vende en Instagram. “Intento siempre que sea muy ‘objetual’: que sea rico de tocar, de ver, que tenga muchas capas. Un lugar donde también podamos hablar del libro como dispositivo”, dice. Por eso, sus libretas tienen bolsillos secretos en las guardas o separatas internas, hilos colgantes o figuras interactivas de papel en la portada.

Este tipo de libretas intervenidas como superficies plásticas funcionan más como bitácoras o rutas de viaje. “Las abres y tienes que descubrir qué puedes mover, qué puedes sacar, insertar. Al final yo hago una construcción, un trabajo colaborativo con la gente”, explica.

Mientras fusiona su gusto por los mapas viejos, los diccionarios y las enciclopedias, esta artista plástica hace a mano los encargos de Infinitos Lugares para personas que bocetan junto con ella la idea inicial de cada bitácora por medio de un chat. Un cuestionario breve de preguntas sobre la finalidad buscada y los gustos personales. Así, las bitácoras “son otro tipo de viajes, no geográficos, pero sí otros viajes”, dice.

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KAREN PARRADO BELTRÁN
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO
parkar@eltiempo.com
En Twitter: @piedemosca

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